Bienestar animal y competición, a primera vista dos conceptos contradictorios.

La práctica deportiva no es natural para el caballo. La competición y todo lo que supone la competición aleja al caballo de su entorno natural. Una vida sedentaria, en box, en solitario, la repetición de ejercicios en sesión de entrenamiento para alcanzar la perfección, el movimiento ideal, pero nada innato, horarios fijos de comida, transporte en van, en camión, en avión, cambios repetitivos de lugar de competición, una rutina poco rutinaria…
Pero desde siempre el caballo se tuvo que adaptar al uso que el hombre le quiso dar. Herramienta de trabajo en el campo, artefacto de guerra, medio de transporte, máquina deportiva,…

Los deportes ecuestres se iniciaron al principio del siglo XX. En aquella época el caballo era un mero instrumento para conseguir la victoria. Siglo XXI, el caballo es un atleta y su bienestar es un factor de éxito en competición. Quien no entiende esto, no conseguirá construir el binomio ganador.

Bienestar animal y competición. Pensamos esta pregunta en términos de deportistas humanos: ¿En qué beneficia el cuidar el bienestar de la persona en el rendimiento deportivo? Enseguida cuando pasamos esta pregunta al mundo deportivo humano, las respuestas parecen más fáciles, más obvias. Los deportistas de alto nivel cuentan no sólo con un entrenador, sino también con un coach, un psicológico, un fisioterapeuta, un preparador físico, un equipo médico, un nutricionista, … El atleta humano tiene a su alrededor todo un staff técnico cuyo trabajo es velar para el correcto desarrollo de sus cualidades físicas y psicológicas, con el fin de alcanzar el éxito deportivo.
Para el caballo es lo mismo…El concepto del caballo como herramienta de trabajo, ya no es válido hoy en día. El caballo es nuestro compañero, hacemos equipo con él. Su bienestar es primordial. Si un caballo no está feliz, no va a rendir bien y entonces no llegará al alto nivel. Es esencial encontrar un equilibrio entre sus necesidades y el uso que tenemos de él. De esta forma el caballo aceptará mejor el entrenamiento / el trabajo que le pedimos: rendirá mejor, aprenderá más rápido y tendremos un caballo con el cual podemos disfrutar de la competición, y ganar. Para que el caballo pueda desarrollar todo su potencial es importante que siga siendo caballo y que tenga un entorno favorable. Además, hoy en día, un deporte en el cual un animal sufra no puede ser éticamente aceptado.

Entrenar, sí, pero con cabeza y sentido común. El bienestar pasa también por una correcta gestión del entrenamiento: seguimiento y control. La realización de test de esfuerzo para determinar el estado físico del caballo en un momento dado, adaptar su entrenamiento en función no solo de nuestros objetivos sino también de sus capacidades, monitorizar el entrenamiento para prevenir lesiones y sobre entrenamiento, son condiciones de bienestar. Un entrenamiento racional con datos objetivos (frecuencia cardiaca, temperatura corporal, niveles de lactato, …), y una planificación adecuada y flexible.

Si bien podemos afirmar, actualmente, que los jinetes son conscientes de la importancia del bienestar de sus caballos y conocen las pautas básicas en materia de hábitat, alimentación, comportamiento,… Pocos consiguen trasladar estos conceptos al entrenamiento del caballo. Sin embargo, entender la respuesta metabólica del caballo durante el esfuerzo y conocer objetivamente sus cualidades física son datos imprescindibles para diseñar un entrenamiento correcto y respetuoso de la integridad física del caballo.

En humano, cuando el organismo experimenta cansancio, fatiga, mareo,… lo podemos expresar, el caballo NO. A veces forzamos al caballo por encima de sus capacidades fisiológicas. Conocer, entender, para entrenar de forma más eficaz y en respecto del caballo. Al final, entrenamiento y bienestar animal no están tan desvinculados…

“Sin un caballo feliz, sano y en forma no hay deporte»

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