La verdad, cuando escuché esta historia tuve que preguntar si el castigo era para los padres que tenían que llevar al niño a la hípica o para el niño, obligado a ir a ayudar con los caballos…
Es cierto que ser padres es una tarea complicada y puede que me estoy metiendo donde no me llaman pero no os mentiré, este castigo me molestó .
Me molestó porque las personas ajenas al mundo caballo, asocian tareas de la hípica (echar de comer a los caballos, limpiar la cuadra,…) a una obligación, una tarea que tenemos que hacer sí o sí, y que si la hace otro mejor. No entienden que nos guste hacerlas por tan laboriosas que sean porque nos damos cuenta de su importancia para el bienestar de nuestros caballos y esencial para crear vínculo.
Ser jinete es un todo. No solamente poner una montura, limpiar su caballo después de trabajar y echarle unas zanahorias como premio por aguantarnos en su espalda.
Ser jinete, es conocer a su caballo, es saber en un vistazo si le pasa algo, es conocer sus manías, saber cuándo necesita estar tranquilo, cómo ensucia su cuadra, dónde les gusta comer, cuánto tiempo tarda en comer.
Ser jinete es, esas mañanas cuando el sol aún no se ha levantado, entrar en la cuadra, ser recibido por los relinchos hambrientos, y a continuación escuchar el silencioso ruido de los caballos comiendo.
Ser jinete es sentirse cómodo entre alpacas de heno y olor a cuero.
Seguramente soy de la vieja escuela, pero sigo pensando que ser jinete pasa por madrugar, levantarse con los ojos llenos de sueño para ir a cuidar de nuestro compañero, nuestro caballo.
Darle de comer y otras tareas, que a primera vista, no tienen nada de atractivas. Pero sabes cómo de a gustito nos encontramos cuando vemos a nuestro caballo, comido, cómodo y en un box limpio. ¿Y esta mirada, este relincho cuando nos ve? No tiene precio y vale todo los madrugones del mundo.
”Castigar con las tareas del hogar es la misma cosa entonces”, me dirían algunos. Pues no señores, no es para nada la misma cosa. Porque, por mucho que friegues un plato o pases la aspiradora, nunca crearás una relación especial con un plato o un mueble de la casa.
Así que sí, un poco me cabrea que se utilice el “ir a trabajar a la hípica” como un castigo. Porque al final estamos enseñando a los niños que estas tareas tan imprescindibles para convertirse en jinetes, son degradantes, no esenciales.
Pero ojo padres, porque puede que os salga el tiro por la culata, como decís por aquí. Puede que castigando a vuestro hijo yendo a trabajar a la hípica conseguís hacer de él una verdadera “persona de caballo” (que decir hombre de caballo puede ser mal visto hoy en día )
No responses yet